Asombroso aquél poder que tienen
tus ojos para destruir cada rastro de mi fuerza.
El aire se había tornado bastante frío esa tarde; el clima estaba lleno de lluviosidad y las nubes vestían de un color tan gris que pareciera que de un día a otro el celeste del cielo hubiera sido salvajemente arrancado. El viento era tan fuerte que al chocar contra la piel producía un leve dolor. Todo evidenciaba que un fuerte chubasco se aproximaba.
En las grandes calles de Tokio, todos aguardaban para refugiarse bajo un techo, algunos corrían a sus casas, algunos trataban de cubrirse de la lluvia con algún cartón que encontraran mientras que otros decidían esperar bajo el techo de algún local a que la lluvia cesara.
-¿Dónde rayos estacionaste el coche? – dijo con una voz bastante elevada un joven de tez morena, de ojos marrones y bastante pequeños. Él tenía 20 años en ese entonces, pero a pesar de su corta edad, contaba con mucha madurez; puesto que era una persona responsable, siempre analizaba delicadamente cada situación antes de actuar además de que siempre ponía las necesidades de sus seres queridos antes que las suyas propias. Aparte era bastante atractivo, tenía un porte muy masculino y una mirada penetrante que podría cautivar a chicas de todas las edades. Él era Jung Yunho. Este día en especial, el joven no había estado de muy buen humor, lo cual no era usual en él, por lo menos no como líder.
-No recuerdo… -quién respondió era otro joven que era sólo unos días mayor que el anterior, en cuanto a su físico respecta, muchas personas solían compararlo con un ángel, si es que no lo era, pues, su piel era blanca y tan suave fácilmente comparada con la nieve del invierno, sus ojos eran grandes, altones y siempre llevaba un brillo inocente en ellos, a esto se le sumaba su manera de ser cariñosa y la forma en la que cuidaba de sus seres queridos, si, todo un ángel. Su nombre era Kim Jaejoong – Sé que estaba lado a un auto rojo. –Esto lo dijo en casi un susurro, había estado tan emocionado esa tarde por ser el único día libre que habían tenido desde su llegada a Japón que no se molestó en siquiera fijarse donde estacionó el coche, vaya que el manager estaría enojado, y justo cuando finalmente habían logrado que les dejaran salir solos.
-Eh… hyung[1], mira a tu alrededor, en este gran –enfatizó- estacionamiento, ¿cuántos carros rojos ves? – esta vez hablaba Shim Changmin, entre este grupo de amigos, él era el menor, pero no por ello más ingenuo, al contrario, era muy centrado y maduro. A veces sus compañeros se asombraban de su manera tan enfocada de ser y lo analista que era. Claro, tenía un humor ácido y el sarcasmo era su mejor amigo pero, sin duda tenía un corazón puro. Y un apetito feroz.
-¡Ya! ¡Dejen de burlarse de mi pobre hyung! – una voz chillonsita salió de un chico con cabello rubio medio, mientras se aproximaba a Jaejoong para palmear su hombro en símbolo de “apoyo”, según él. Este era Kim Junsu, quizá el chico más dulce e inocente que ellos pudieron conocer. A sus 19 años era un joven de personalidad hiperactiva y mentalidad positiva. Siempre llevaba una sonrisa en sus labios a pesar de que estuviese pasando por la peor de las situaciones. Sus amigos –hermanos, siempre lo molestarían pero, él sabía que era por cariño.
-¡Si! – Acordó con Junsu otro joven de cabellera negra y piel blanca con leves pinceladas rosa. Era Park Yoochun, el casanova. Su mirada penetrante, su voz gruesa y rasposa, sus labios rojizos y su porte masculino lo hacían una maquina de conquistas y siempre estaría coqueteando con cual chica se le pareciera atractiva aunque claro, nunca podría sentirse atraído a chicas que en su opinión lucieran fáciles. Pero, a pesar de eso cuando realmente se enamoraba sus ojos no se posarían en ninguna otra mujer que no fuera su amada. – Él no tiene la culpa de ser tan despistado, distraído, caído de la mata…
-No me defiendas, ¿si? – dijo Jaejoong, lanzándole una mirada no muy cariñosa.
-Como quieras, babe. – dijo picando su ojo, hacía eso para molestar a su hyung.
De repente pequeñas gotitas comenzaron a caer del cielo, las cuales no tardaron mucho en convertirse en una fuerte lluvia. Los chicos corrieron pero ya no tenía caso el refugiarse bajo un techo, ya estaban más que empapados. Todos queriendo matar a Jaejoong, metafóricamente…o eso esperaba él.
Los mayores del grupo, Yunho y Jaejoong, siguieron en la dramática búsqueda de su vehículo perdido mientras que los otros tres no se molestaron en salir de debajo de un pequeño techo.
-Será que… ¡Lo tengo! – las ideas de aquél chico a quién culpaban nunca habían sido las más inteligentes y, eran aún peores cuando se encontraba en una situación llena de tensión, -y en la cual querían asesinarlo-, por ende, su gran ocurrencia esta vez fue subirse a un auto para tener una mejor vista de todo el lugar. - ¿Y si se lo robaron? –una expresión de espanto se coló a su cara.
En ese momento, Yunho volteó en dirección hacia Jaejoong para decirle algo –o regañarlo, cuando lo vio encima del auto de otra persona. -¿Qué…rayos?- ese chico estaba loco. No estaba en sus cinco sentidos, eso era seguro. Ese auto era de algún extraño, y se veía bastante costoso. Si rayaba la pintura, rompía o aunque sea rasgaba algún vidrio, estaban fritos. Caminó apresuradamente hacia él. - ¡Bájate de ahí, Jaejoong-ah! – Claro que el chico tenía razón en que sería más fácil divisar el coche desde esa altura, pero… estaba muy resbaloso por la lluvia.
Jaejoong volteó a donde estaba Yunho al oír su voz. Ya que no quería empeorar –en lo que fuera posible- el humor del líder, decidió obedecerle en bajarse. Pero, el agua hacía que estuviese muy resbaloso para lograr equilibrarse, además que la lluvia aún era fuerte y la gravedad jamás había sido muy amable con él…
-¡Jaejoong-ah! – el mencionado perdió el balance e iba a caer, por suerte, Yunho tenía buenos reflejos y logró atraparlo, pero, el peso del mayor hizo que ambos cayeran al piso, sin hacerse daño. Jaejoong quedó sobre Yunho, el último lucía molesto…más que antes.
-Lo siento… se que soy torpe, Yunho-ah. - dijo y de inmediato se levantó, estirando su mano para darle ayuda a Yunho.
-Si que lo eres. –lo acusó y se levantó por si solo ignorando la mano de su amigo.
-Chicos… -la voz de Yoochun -algo burlona podrían jurar, les llamó la atención. – El auto está allá. – señaló bastante tranquilo a un punto no tan alejado de allí, los otros dos ya estaban dentro. ¿Cómo rayos no se dieron cuenta de la ubicación del automóvil cuando habían pasado por ahí considerables veces? Nadie sabe, nadie supo. Yunho caminó a paso pesado hacia el vehículo. Yoochun y Jaejoong lo siguieron, el primero riendo por lo bajo, ‘¿Qué rayos le sucede?’ pensaba Jaejoong pero luego lo ignoró. Entrando al coche, sintió alivio de que al menos ya los interesantes episodios habían terminado por el día, oh, qué equivocado estaba.
Yunho, quién iba al volante, estaba bastante callado, más de lo que normalmente estaría, mientras los otros cuatro hablaban y reían sobre lo que acababa de sucederles. Los chicos morían de frío y Yoochun ya comenzaba a estornudar pero, ya superado el problema, no les resultaba nada más que gracioso. ‘¿Cómo pueden tomarlo tan a la ligera?’ pensaba él. En ese momento, Yunho temió por la seguridad de sus miembros y ellos lo tomaban como lo más ligero del mundo. Aunque realmente debía admitirlo, el desorden de sus pensamientos lo tenía bastante malhumorado.
Tanto que no lograba darse cuenta que daba vueltas y vueltas, sin llegar a ningún lado.
-Hyung… ¿A dónde te diriges? –preguntó Changmin al no reconocer ningún camino que iba tomando, pensaba que talvez al líder se le había ocurrido llevarlos a comer algo o debían verse con el manager.
-Al departamento. ¿A dónde más? – respondió el otro.
-Pero, este camino no parece ser el correcto… Nada se me hace familiar y dudo que sepas otra vía. –los jóvenes muchachos sólo llevaban 1 mes de haber llegado por primera vez a Japón, aún no sabían las direcciones exactas de los lugares, razón por la cual el manager no los había dejado salir por su cuenta en toda su estadía. Sin embargo, la memoria del menor era sin duda la mejor.
-¿Cómo que no? Claro que si. Mira, allá está eso que… y eso de allá… ¡Este es el camino! –retomó la vista al frente y siguió manejando sin querer aceptar que no sabía hacia donde ir.
-¡Oh, cielos! ¡Estamos perdidos en Tokio! ¡Una inmensa ciudad llena de gente desconocida que no nos entienden y menos nosotros a ellos! ¡Moriremos! – exclamó en pánico Yoochun.
-¡Cállate, Yoochun! No exageres la situación de las cosas, no moriremos. Sólo debemos llamar al manager, él sabrá qué hacer. –dijo Yunho tratando de mantenerse calmado. – Alguien llámelo, mi celular está dañado por la lluvia. - los chicos se quedaron mirando unos a los otros. -¿Qué sucede? ¡Muévanse!
-Mi celular no tiene crédito. Ayer llamé a…mi mamá. –Dijo Changmin algo apenado tras la razón de haber llamado a su mamá; Jaejoong no le hizo el postre que quería esa noche, gran tragedia.
-Sabes que yo no he comprado aún un celular aquí en Japón, hyung. –le recordó Junsu.
-Junsu, llevamos un mes en Japón, ya deberías tener uno. – le regañó Yoochun. –Deja de ser tan flojo y cómprate uno.
-¡Yo no soy avaro como ustedes! –se defendió este, ofendido.
-O nadie se interesa en llamarte. – el otro comenzó a burlarse.
-¡Basta! No comiencen ahora. – Yunho los detuvo pues sabía que se aproximaba una larga –y tonta- pelea, la cual no se daría el lujo de oír, no en esa situación.
-Él comienza…-decía Junsu con fingidas lágrimas en sus ojos.
-Chicos, lamento decirles que mi celular lo dejé en el departamento. – Yoochun les informó al no encontrar el aparatito ni en su bolso ni en sus bolsillos.
-Demonios… Jaejoong-ah. –este levantó sus mirada rápidamente al ser llamado por aquél chico. – ¿Tu celular tiene crédito, aún funciona o al menos lo trajiste?
-Mmm... Si, tómalo. –el mayor de todos extendió la mano entregándole el móvil al otro.
-Al fin. – el líder tomó el aparato y enseguida marcó el número de su manager, éste respondió de inmediato.
-¿Bueno? ¿Jaejoong? –se oyó al otro lado.
-¡Hyung, soy Yunho!
-¿Qué sucede? ¡¿Dónde rayos están?! –el manager no estaba muy contento.
-¡Es que nos hemos perdido! Por favor, ayúdenos, es que… ¿Ehm? ¿Hola? –observó a la pantalla al ya no oír nada desde la otra línea. – Se apagó.
-Ah… cierto, es que tenía poca batería. –recordó Jaejoong.
-¡Deberías haberlo cargado, Jaejoong! –le regañó lanzándole de vuelta el teléfono.
-¡No deberías culparme también por eso! –‘Oh, no, se que no debería, pero tú no entiendes.’ –No es como si yo fuera adivino.
-¡Moriremos! –Yoochun estaba a punto de llorar imaginándose como morirían de hambre y encerrados en su auto, vaya imaginación.
-Sigue conduciendo, hyung… -le mandó Junsu al ver que la opción de llamar al manager estaba totalmente descartada y, queriendo evitar que los dos mayores comenzaran a discutir.
-Eso haría…
-¿A qué te refieres, Yunho? –preguntó Changmin al sentir que el otro no encendía el vehículo.
-No tenemos combustible…- respondió éste dándole un golpe al volante ya bastante frustrado.
-No hablas en serio, ¿verdad? – Junsu no podía creer su suerte. En serio, ¿ahora que faltaba? ¿Que un rayo les cayera? Comenzó a pensar que sería bueno estar lejos de los árboles, al menos mientras llovía, sólo por si acaso.
-Ya quisiera… ¿Qué hacemos ahora?
-Al menos ya no llueve, salgamos. –sugirió el paranoico de cabellos negros.
-Terminaremos más perdidos aún. – Junsu se negó.
-Debemos intentarlo, no lograremos nada si nos quedamos en este auto, en cambio, si salimos quizá encontremos a alguien que nos ayude. –razonó el mayor.
-Supongo que Yoochun y Jaejoong tienen razón. –dijo Changmin ante ver las pocas posibilidades que tenían si se quedaban allí.
-Este obviamente no es nuestro día. Salgamos. – ordenó ésta vez Yunho. Los chicos salieron del auto, por fortuna ya había acabado de llover pero, ellos seguían empapados y morían de frío. Miraron a su alrededor, Tokio realmente era una ciudad hermosa pero, ellos no podían disfrutarla, estaban perdidos después de todo. Comenzaron a caminar por las calles, de vez en cuando entreteniéndose por lo que veían en las repisas de las tiendas. Cuando pasaron frente a un local de comida, sus estómagos gruñeron. Varias veces trataron de pedir información sobre el departamento en el que vivían pero, nadie los entendía ya que ellos hablaban coreano y su japonés se limitaba a pequeñas notas que usaban en los programas a los que asistían. Se les ocurrió llamar a su manager desde un teléfono público pero, ninguno tenía dinero nipón. Vaya suerte la de ellos.
-¡¿Acaso nadie conoce a Tohoshinki en ésta ciudad?! –preguntó desesperado Yoochun. Tohoshinki era el nombre japonés de Dong Bang Shin Ki, la banda de pop conformada por ellos cinco.
-¡Apuesto que si quisiéramos pasar desapercibidos seríamos perseguidos por fans! –se quejaba Junsu de su suerte.
-Recuerden que nuestra música apenas acaba de llegar a Japón, aquí no somos los más famosos que se diga. –les recordó Changmin. Luego de tres años de éxito en su país natal, Corea, se habían enfrentado al reto de llevar su música a este país completamente diferente para ellos pero, las cosas realmente no habían sido tan fáciles como ellos pensaron que serían; las oportunidades de publicidad que se les eran ofrecidas eran bastante escasas, eso y otra gran cantidad de obstáculos, obstáculos que ellos tenían la ambición de superar.
-¡Chicos, les prepararé sopa calientita al llegar al departamento! –anunció Jaejoong tratando de animarlos. Si había algo que ellos amaran, era la comida del mayor.
-¡Eso es música para mis oídos, hyung! –pero, por supuesto, el que más se animaría era Changmin, su hambriento hermano menor.
Luego de caminar por unas cuantas horas, ya se había hecho bastante tarde y poca gente quedaba en las calles. Comenzaba a hacerse peligroso así que decidieron resignarse a buscar un lugar como un hospital o una estación de trenes para pasar la noche. Luego de mucho buscar llegaron a un hospital, al entrar vieron que estaba lleno de personas esperando ser atendidos y que además había pocas pero estresadas enfermeras por lo tanto decidieron sentarse en un rincón de la sala de espera sin molestar.
-Hyung… ¿te encuentras bien? –la voz de Changmin llamó la atención de Jaejoong.
-¿Eh? ¿Qué quieres decir, Changmin-ah?
-Luces fatigado y pálido, más de lo normal. –el menor era una persona bastante observadora.
-Ha de ser por la situación en la que estamos, estoy algo cansado, es todo. – explicó.
Por otro lado, Kwon Taekyung es decir, el manager de Tohoshinki, estaba que echaba humo por su enojo. También estaba preocupado pero, su enojo era mayor.
-¡¿Dónde demonios están esos muchachos?! ¡Seguro que se fueron a una fiesta o algún club nocturno! ¡Y sabiendo que mañana deben levantarse temprano porque tienen actividad! –peleaba el señor, tratando de marcar el número de los chicos, pero, de los cuatro sólo el teléfono de Changmin recibía la llamada más no era atendido.
-Pero, señor cálmese, no es mi culpa. Yo sólo vine a pedirle un autógrafo de Junsu para mi novia. –decía el chico que trabajaba en el cafetín en el que el hombre fue a comprar un té para bajar su estrés, Taekyung llevaba casi media hora quejándose con él por esos irresponsables chicos. –Con permiso. –el joven irritado se fue.
-¡Por todos los cielos!
Ya había pasado cerca de una hora, Yoochun fue el primero en dormirse, con su cabeza sobre las piernas de Jaejoong. Changmin fue el siguiente quién dormía en su posición sentado. Ya luego Junsu se rindió ante el sueño y aprovechando que Changmin ya estaba dormido recostó su cabeza sobre los hombros de este para encontrar una posición más cómoda. Los mayores del grupo aún estaban despiertos.
-Quizá deberías dormir también, Yunho-ah. –Jaejoong le sugirió al líder de la banda quién seguía luciendo enfadado.
-No, no necesito dormir. Debo pensar en una solución. –respondió el otro tratando de encender su teléfono celular.
-¿Una solución a las 11 de la noche? Yunho-ah, al menos ya estamos bajo un techo.
-Eso no mejora nada. –y estuvo a punto de lanzar el aparato cuando se resignó a que no funcionaría.
-No siempre tienes que ser el que resuelva todo.
-Como líder de esta banda, sí debería.
-Eres el líder del grupo pero no el único en el equipo. –le hizo ver Jaejoong, mostrándole clara sinceridad en sus ojos, y es que era cierto que como líder tenía ciertas responsabilidades pero este a veces se lanzaba todo el peso a sus hombros. Ellos no sólo eran compañeros de banda, lo principal es que eran amigos, y como amigos debían buscar la solución a los problemas, juntos. –Hoy fue un día ajetreado, descansa.
-De acuerdo. –Jaejoong sonrió.
Luego de pocas horas más, el Sol finalmente había aparecido sobre el cielo japonés. Un nuevo día era bienvenido por la población, un nuevo día hermoso y despejado.
El manager al ver que los cinco chicos no habían regresado cuando ya el reloj marcaba las 8 a.m. decidió ir a la policía. Incluso fue hasta un canal local de Tokio.
En el hospital, cuando los cinco chicos abrieron sus ojos, se dieron cuenta de que había menos gente, quizá ya todos habían sido atendidos. Una joven enfermera, en su hora de descanso, se sentó a un lado de la recepción y encendió un pequeño televisor que se encontraba sobre el escritorio de la recepcionista, los muchachos al ver que ya no quedaba tanta gente por atender, por lo menos no tanta como la noche anterior, decidieron ir hacia ella para tratar de pedirle ayuda. Al parecer, esta muchacha era nueva en el trabajo, ya que aparentaba unos 22 años. La televisora que ella tenía sintonizada era la misma a la que el manager había ido y, acababan de transmitir su mensaje pidiendo ayuda. ‘Por favor, si alguien los ve, comuníquese a este canal. Han de estar perdidos, no saben japonés y tampoco conocen la ciudad. Pero si los ven y, están en alguna fiesta, ¡díganles que les espera un gran problema!’ decía el hombre en la TV.
-¡No! –Exclamó casi en un grito la joven- ¿Dónde están? ¡Ellos son mi todo! ¡Si les sucede algo, muero! –decía para si misma Yuiko es decir, la enfermera, casi llorando. – Yo se coreano, ¡debería salir a buscarlos! Pero me despedirán… ¡Odio este hospital! –a decir verdad, la chica parecía algo loca hablando sola.
-¡Hey! –Jaejoong trataba de llamar la atención de la chica que hablaba sola pero, estaba tan concentrada en su drama que no lo había escuchado así que este optó por halarle el cabello, si, todo un genio.
-¡Aish! ¿Quién rayos…? –reaccionó ante el jalón, y al voltear dispuesta a golpear a quién se haya atrevido a jalonearla, quedó perpleja. Observó a los cinco no tan glamorosos muchachos durante unos segundos, después se dio cuenta que no, no estaba soñando ni delirando. - ¡Ah! –Gritó - ¡Tohoshinki! ¡Son ellos! ¡Están acá! ¡Oh my God Sun! –siguió gritando, todos en la sala voltearon a mirarla extraño. -¿Son ustedes, verdad?
-¡Si, si somos! –le respondió Junsu, luego se dio cuenta de un detalle. – Espera, ¿hablas coreano?
-Si, también inglés, francés, español y chino. –Dijo orgullosa- Okay, me calmaré. No puedo creerlo, ¡estoy frente a los dioses!-la chica parecía estar algo chiflada.
-Por favor, necesitamos de tu ayuda. –le pidió Changmin.
-Claro, ¿qué necesitan? ¿Comida? ¿Agua? ¿Ropa limpia?
-Necesitamos llegar a nuestro departamento. Está ubicado en la calle Taoyamada… o algo así. –le respondió Junsu.
-Ah… yo vi a su manager en la televisión. Los está buscando. No puedo salir pero… -recordó haber anotado el número de la televisora en su deseo de ir a buscarlos ella y les informó que ella se encargaría de llamarlos.- Ah y si estuvieron en una fiesta, es mejor que no regresen. Ya vuelvo. –La chica se dirigió hasta una oficina en la cual había un teléfono para realizar la llamada, luego de pocos minutos volvió. – Los de la TV se pusieron en contacto con su representante y él dijo que en unos minutos vendría.
-¡Muchas gracias! ¡Te debemos una! –los cinco chicos hicieron varias reverencias ante ella en señal de agradecimiento.
Pasaron alrededor de 40 minutos cuando el señor Taekyung llegó al centro médico apresurado. Los mil regaños comenzaron a salir.
-¡Me iban a matar de un infarto!- gritó señalándolos con su dedo índice. - ¡Y si no moría por eso, sus padres igual me matarían! ¡O sino la empresa!
-¡No fue nuestra culpa! Tratamos de pedir ayuda, pero, nadie nos entendía. –explicó Yoochun.
-De acuerdo.-suspiró- Olvidemos esto y vayan al auto. – los chicos obedecieron.
Fin Capítulo 1
Vocabulario
[1] hermano mayor –sólo de chicos hacia chicos.
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Primero, este fic lo quise comenzar de manera ¿graciosa, quizá? Que les sucediera una anecdota muy muy tonta XD -como hemos conocido del real TVXQ- Espero les haya gustado (: y me esperen al segundo cap.